Liberación de los guanacos– release of the guanacos!

ENGLISH BELOW.

Por Matías Guerrero, editado por Meredith Root-Bernstein

El día viernes me junté con Francisco Rojas (voluntario), Cesar Muñoz (Biólogo) y Francisco Novoa (veterinario). Partimos con el camión rumbo a Cantillana. La ayuda total consistía de 7 personas: nosotros cuatro, el chofer del camión y las dos personas de Cantillana. Al comenzar el procedimiento, nos dimos cuenta que iba a ser más difícil de lo que pensábamos, ya que ni siquiera se acercaban a la esquina donde estaba el camión. Luego de dos horas de intento, decidimos cambiar la estrategia, pero nuevamente fue demasiado difícil conducirlos hacia el camión. Luego de varios otros intentos decidimos que el objetivo del día no se iba a cumplir en absoluto y terminamos por declinar el trasladarlos ese día.

Le comenté al Yuyo (de Cascada de las Animas) que ya no teníamos la posibilidad de usar el camión que habíamos usado anteriormente, por lo que necesitábamos otro camión adecuado para el transporte de animales. Afortunadamente tenía un contacto y en ese mismo instante lo llamó y fuimos a ver el camión.

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Luego de la difícil tarea de coordinar nuevamente a todo el equipo para ir el día martes 11 julio (ya que el día lunes estaba listo pero el camión tenía restricción vehicular por una alerta ambiental), fuimos con el camión ya conversado y con gente de Cascada de las Ánimas, principalmente arrieros que trabajan con ellos más el Yuyo y su hijo, Diego, y por nuestra parte con Francisco Novoa y Cesar Muñoz. La estrategia para capturar a los guanacos no estaba definida ya que Francisco quería evitar a toda costa tener que lasear a los guanacos mientras que el Yuyo con toda su gente iban dispuestos a lasearlos para luego cargarlos y colocarlos en el camión. Sin embargo, al llegar, comenzamos con la forma más soft para poder subirlos, que era arreándolos hacia la esquina donde habíamos colocado el camión. Estuvimos intentándolo alrededor de media hora sin lograr el objetivo, a pesar de que llevábamos mejores implementos para realizarles una manga hacia la entrada del camión. Posterior a esa media hora, decidimos atrapar a un guanaco, lasearlo e introducirlo al camión y probar nuevamente con el método soft para ver si, luego de tener un guanaco en el interior, se motivaban a entrar. La captura del primer guanaco fue bastante intensa, ya que Francisco tuvo que abalanzarse a él directo a la cabeza para tapársela y posteriormente el resto del grupo se lanzó para botarlo y poder amarrarle las patas. Me di cuenta personalmente, a su vez que el resto del grupo de Cascada también se dio cuenta, que los guanacos son bastante intensos para pelear en contra de aquellos que lo capturaban. La fuerza que tienen para oponerse es brutal, por lo que teníamos que ser alrededor de 5-6 personas los que lo inmovilizaban mientras otra persona le ataba las patas con nudos especiales.

Luego de otra media hora esperando a que lograran entrar, nos dimos cuenta de que definitivamente íbamos a tener que amarrar a todo el resto de los guanacos para poder entrarlos al camión. El tercer guanaco quedó atrapado entre la reja y un espino, y se hirió en la parte de las costillas. Para Francisco fue difícil limpiar la herida y más aún suturarla, por la posición en la que se encontraba producto de que el guanaco estaba amarrado. Sin embargo, 15 minutos después, la herida se encontraba cerrada y limpia.

Paralelamente a esto, al momento de atrapar al tercer guanaco, los otros dos guanacos siguieron corriendo por el estrés que implicaba atrapar a un guanaco. Esto permitió que uno de ellos saltara la reja y se escapara. A pesar de que lo seguí y vi que estaba cerca de la recepción de la reserva, de todas formas logró pasar el portón y se escapó hacia el interior de la reserva. Ya con cuatro de los cinco guanacos arriba, decidimos ir hacia el interior de la reserva para buscar al extraviado, pero no pudimos divisarlo. . Luego de meditarlo, decidí que lo mejor era irnos con los cuatro guanacos a Cascada de las Ánimas y estar atento por si aparecía el guanaco durante los días siguientes. Francisco me dijo que lo más probable es que volviera al lugar donde se estaba quedando y que no se alejaría mucho.

Cuando arribamos al Santuario, Yorka Reyes, del SAG, estaba junto a un colega esperándonos. Nos encontrábamos ya con la tarde encima .Habían varias opciones, entre ellas albergar a los guanacos en un galpón y esperar al día de mañana para poder movilizarlos definitivamente al espinal. Esto implicaba que nuevamente había que amarrar a cada uno de los guanacos y llevarlos en una camioneta hasta el corral y galpón donde se quedarían. Luego de una larga negociación, donde también participó Yorka, decidimos moverlos hacia el galpón. Se colocaba el guanaco en el pick up de la camioneta y tres-cuatro personas nos íbamos sosteniendo al guanaco hasta el galpón (100 metros alejado del camión) y las mismas personas lo sacábamos de la camioneta para colocarlo en el galpón. Afortunadamente al momento de soltarle las amarras al interior del galpón, no ejercían mayor oposición y se levantaban de manera lenta y tranquila. Hicimos esta misma acción con los cuatro guanacos. Tenían alimento ad libitum y dos baldes de agua fueron puestos para que tuvieran liquido disponible.

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Al día siguiente se reúne a la mayor cantidad de personas de Cascada para realizar una estrategia de arreo entre el máximo de personas. El camino de los guanacos se “marcaría” con el llamo que estaba disponible en el santuario, tirado en caballo por el Leo, arriero trabajador del santuario. Todo este proceso se haría con el menor ruido posible de tal forma de no asustar a los guanacos y que tranquilamente se dirigieran por el sendero hacia el espinal. Al abrir el galpón, los guanacos mostraron una completa calma, donde observaron a los caballos y, producto del movimiento de brazos de las personas que estaban en el lugar, los evitaron y avanzaron hacia la zona siguiente. Siguiendo en calma, bajan por la quebrada donde corre un riachuelo y en ese momento se estacan en ese lugar. Permanecen ahí tranquilos pero observando mucho el lugar. Pensé en un inicio que se detenían a tomar agua pero simplemente permanecieron quietos, al punto que fue necesario empujarlos para que siguieran su camino. Al comenzar a moverse nuevamente, siguieron por el sendero. Avanzaron a paso calmo por unos 30 metros hasta que comienzan los primeros problemas. En momentos en que estaban avanzando, uno de los guanacos comienza a mostrarse nervioso e impredeciblemente se da vuelta y comienza a correr en sentido contrario. Continúa así por un rato, y 25 metros más allá se devuelve otra vez. Con 4 personas más me devuelvo para intentar devolverlo. El plan para retornarlo al resto de los guanacos resulta difícil dado que el guanaco al bajar, nuevamente se iba hacia el sector superior. Al alcanzarlo, constato que el cansancio del guanaco es evidente pero aun así se resiste a volver. Sin embargo, llega un momento en que comienza a correr hacia donde estaba el resto de los guanacos. Era solo cuestión de realizar el resto del trayecto tranquilamente sin alterar a los guanacos.

A pesar de este positivo escenario final, se presenta el último y más peor problema de este día. Luego de ir encaminando los guanacos por el angosto sendero, el mismo guanaco que se había escapado varias veces, baja por una ladera hacia el río y se estaciona en ese lugar. Como era poco el espacio por donde podía escaparse, comenzamos a presionarlo para que solo retomara el camino, pero el guanaco comienza a gastar sus últimas energías y le es imposible subir la empinada ladera por donde había bajado. Ahí, al guanaco se le deja tranquilo por aproximadamente unos 15-20 minutos para que pueda descansar. Posterior a ello repetimos la acción de presionarlo pero esta vez nos va mal, dado que el guanaco contrario al instinto de supervivencia, comienza a nadar y es cuando más estrés me causa, dado que se lo podía llevar la corriente. En ese momento, Leo, el arriero, lo estaba presionando por el mismo río, ya que el caballo no tenía problemas en adentrarse al río Maipo. El guanaco logra afirmarse en la orilla del río. El Yuyo decide hacer una última maniobra de amarrarlo para definitivamente subirlo con cuerda. Al agarrarlo, el resto de los arrieros logra hacer una cadena de cuerdas desde el sendero y conectamos estas cuerdas, a modo de arnés. En ese momento, ya le teníamos tapada la cabeza. Sin embargo, con la gente de arriba en el sendero y nosotros abajo, comenzamos a impulsarlo hacia el sendero, hasta que finalmente lo logramos subir. Como quedaba poco tiempo, decidimos no desatarlo y lo empujamos entre 4-5 personas hacia el lugar de liberación, operación que no duró más de 10 minutos, mientras el resto del grupo de personas se preocupaba de arrear al resto de los tres guanacos que se encontraban detrás.

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Llevamos el guanaco amarrado hacia un lugar relativamente plano, le quitamos las amarras y los soltamos. El guanaco inmediatamente se une al resto de la manada y, trotando, se interiorizan hacia el espinal. Exhaustos, habíamos finalmente terminado la operación.

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Lamentablemente, el guanaco extraviado en Altos de Cantillana fue encontrado el día posterior cerca del lugar donde se escapó, matado por peros asilvestrados. Los guanacos no se defienden bien contra depredadores en manada, y los perros asilvestrados son una amenaza para guanacos tanto que para otros animales silvestres de Chile.   Actualmente, no hay una ley que permite el control de perros asilvestrados. Afortunadamente, no hemos detectado perros asilvestrados en Cascada de las Ánimas y esperamos que quede así.

Estamos emocionados de poder seguir las actividades de los cuatro guanacos en Cascada y pronto tendremos listo un programa de monitoreo de sus impactos sobre el medio ambiente.

 

 

Releasing the guanacos in Cascada de las Animas

Translated and adapted by Meredith Root-Bernstein from the account by Matías Guerrero

Everything was ready for the release of the guanacos—a gate had been built across the path at the entrance to the release area, and some fences had been put in on the other side to divide Cascada de las Animas from another property with livestock. Extra fencing had been used to create a small corral in case future guanacos to be released required a period of adaptation to the habitat.

On the 7th of July Matías went with two volunteers and the project veterinarian Franscisco to Altos de Cantillana, where they met two people working at the reserve and a man with a truck to move the guanacos. Unfortunately, the guanacos refused to go into the truck, and after several hours of attempting to herd them inside, the decision was taken to try again another day.

However, there was no longer a truck available. Fortunately Yuyo at Cascada de las Animas was able to find a truck to hire.

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On the 10th of July, everyone was ready to try again, but the truck was restricted due to an air pollution alert (vehicles are restricted according to their licence plate number).

On the 11th of July it was finally possible to try again. This time Matías, Francisco, and one volunteer were accompanied by Yuyo, his son, and some arrieros (cowboys) from Cascada. Francisco wanted to avoid lassoing the guanacos but Yuyo and the arrieros thought this was the best plan. At Altos de Cantillana, they again started by trying to herd the guanacos into the truck, but again this was futile. They decided to lasso one guanaco, put it in the truck, and try to encourage the others to join it. The arrieros lassoed one guanaco. Five or six people were necessary to tie up the guanaco’s legs, put a hood over its head, and carry it into the truck, due to the surprising strength and resistance of these delicate-looking animals. With one guanaco in the truck, they again tried to encourage the others to join it. When it was clear that this was not going to work, they decided to lasso all of them one by one. During this process, one guanaco got caught in a thorny espino tree, and was wounded. Francisco the veterinarian treated him and declared him in no danger. At the same time, the other two guanacos were running around in a stressed state, and one managed to escape by jumping over the fence. The remaining guanacos were captured and put in the truck, and Matías and the others went to look for the escaped guanaco inside the reserve. However, the escaped guanaco had disappeared into the reserve and couldn’t be seen. They decided to transport the four guanacos they had to Cascada and come back to look for the escaped guanaco later.

On arriving at Cascada, they were met by representatives of SAG, the government entity in charge of animal release and updated them on the situation. It was already very late in the afternoon so they decided to leave the four guanacos in an animal shed and corral with food and water until the next morning. In order to get them into the shed they had to put each one in a pick-up truck, where it was held by several people, and driven across a small bridge over the river Maipo. When they were released in the corral, the guanacos did not resist but stood up slowly and calmly.

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This calmness continued the next day. A number of people working at Cascada were called on to form a human chain to help herd the guanacos towards the area where they would be released. To get there, the guanacos had to walk down a dirt road that eventually became a narrow path winding along the side of a slope, parallel to the Maipo, which is a wide, shallow, and fast river. The path was “marked” by a llama being led by an arriero on horseback. The guanacos calmly observed the scene and, avoiding the people who formed a quiet human chain on both sides, walked after the llama. At one point they had to pass over a small stream, and here they stopped quietly and observed the area attentively, showing no interest in crossing the stream. Finally, they had to be pushed across. Further along, one of the guanacos became nervous and attempted several times to turn back. He tried to escape upslope and had to be herded back towards the others who continued walking quietly down the path.

At this point they were in the area where the path narrows and the release area was approaching. The guanaco who had been trying to escape now ran downslope towards the river. While trying to herd him back up to the path, Matías and the others realized that he was too tired to climb back up, and so let him rest for 15 or 20 minutes. At this point, when they tried to urge him back up the slope, he went into the river and started to swim. One of the arrieros on horseback managed to herd him back onto the riverbank. However, the guanaco was still not capable of climbing back up to the path, so they decided to lasso him and form a harness, at which point they also put a hood on him and between pulling and pushing him, were able to get him up the slope.

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At this point, he was only 10 meters from the entrance to the release area, where the other guanacos were waiting. They were let go there together. Exhausted, the humans watched the guanacos trot into the espinal.

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This happy ending had a somber post-script. The escaped guanaco who was left behind at Altos de Cantillana was found the next day in the vicinity of the enclosure, killed by dogs. Guanacos do not appear to have effective defence mechanisms against pack-hunting animals, and feral dogs are a major threat to guanacos as well as other wildlife in Chile. Currently, there are no laws allowing for the control of feral dogs in Chile. Fortunately, we have detected no feral dogs at Cascada de las Animas and we hope it stays that way.

We are excited to follow the activities of the four guanacos in Cascada de las Animas and we will be setting up a monitoring program to keep track of how they transform their environment.

photos (c) Matías Guerrero and César Muñoz

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